Argentinean wine

20 11 2007

A los 12 años yo hice algo que toda adolescente avergonzada  sueña y pocos, fuera del programa de protección de testigos, tienen la oportunidad de hacer: yo me reinventé.

Harta de mis notas mediocres, mi madre me arrancó de mi academia femenina (la clase de lugar donde tu status depende de un coeficiente entre la velocidad de lanzamiento de pelotas y tu promedio de matemáticas) y me mandó a un tipo de experimento de nueva ola en aprendizaje donde andabas descalzo y llamabas a tu maestro Bob. Al menos, por supuesto, que su nombre fuera Sally.

Esa fue la mejor cosa que me pudo pasar. Junto con la encantadora y la terrorífica presencia de muchachos, vino también la belleza de empezar todo de cero. No fui mas la solitaria quien se dormía en matemática y que  encontraba en  la formación de oraciones una perdida de tiempo.

Transplantada, yo me hice popular, una  bióloga genial, admirada por mi posibilidad de planear frases en latín e inglés. Yo había encontrado a mi gente.

Todos ustedes que sintieron la atracción de salir del pozo  para cambiar de vida y cambiar su reputación: su santo patrón es el vino Malbec.

Malbec es una uva de segunda categoría  en Europa. En Bordeaux es un mezclador, un poco más que Viagra para los tintos flácidos. Su casa principal es el lejanos sur, la región de Cahors (deje la S silenciosa y pronuncie la H).

En la Edad Media, el Malbec fue cocinado dentro de un jarabe concentrado que llamaban vino negro. En una breve explosión de gloria en 1850 Cahors contaba con 140.000 acres de Malbec. Pero entonces llegó una  peste  de la raíz: “Phylloxera” y lo destruyéndolo a través de Europa como Pac-man, y cuando el polvo se asentó Bordeaux tuvo su momento mientras Cahors todavía estaba tambaleando.

 

 

Más desmoralizado por las inesperadas heladas de 1956 que mató una masa de otros vinos, Cahors, sin embargo, empezó a ser una denominación oficial (AOC) en 1971, es la que requiere 70 % de uvas Malbec con Merlot y tannat que levantan el balance.

Excepto en  nivel estupendo, Cahors no es muy bueno. Sensible y susceptible, Malbec anhela el calor, el sol, ansia la buena irrigación y buen drenaje del suelo. Sin esas condiciones es extremadamente susceptible a los daños de heladas, el moho, racimos podridos y otras molestias. Te irritaría también. 

At the age of twelve, I did something all embarrassed preteens dream about and few outside the witness protection program ever get a chance at: I reinvented myself. Fed up with my shoddy grades, my mother uprooted me from my uniformed girls’ academy—the kind of place where your status was a coefficient of dodge-ball throwing velocity and midterm math grades—and sent me off to a sort of new-wave experiment in learning where you went around in bare feet and called your teacher Bob. Unless, of course, his name was Sally.

 

It was the best thing that ever happened to me. Along with the enchanting and terrifying presence of boys, came the beauty of starting with a clean slate. No longer was I the loner who slept through math and found diagramming sentences a complete waste of time. Transplanted, I became a popular, vivacious biology whiz, admired by all for my ability to map out a phrase in Latin or English. I had found my people.

All of you who long to pull into the pit stop of life and have your reputation rotated: your vinous patron saint is Malbec.

Malbec is a grape with a second-rate role in Europe. In Bordeaux it’s a blender, little more than Viagra for flaccid reds. Its main home is further south, the region of Cahors. (Keep the S silent and pronounce the H like you’re receiving the Heimlich maneuver)

In medieval times, Malbec was cooked into a syrupy-concentrate they called Black Wine. For a brief burst of 1850s glory, Cahors counted 140,000 acres of Malbec and was getting almost as important as Bordeaux. But then came the root-louse phylloxera, munching its way through Europe like Pac-Man, and when the dust settled, Bordeaux had its act together while Cahors was still reeling.

 Further demoralized by freak frosts in 1956 that killed another mass of vines, Cahors nevertheless became an official AOC appellation in 1971, one that requires 70 percent Malbec grapes, with Merlot and Tannat making up the balance.

Except at tip-top levels, Cahors isn’t very good. Thin-skinned and sensitive, Malbec longs for heat and sun, and craves well-irrigated, well-drained soil. Without these conditions, it’s extremely susceptible to frost damage, downy mildew, bunch rot and other nuisances. You’d be cranky, too. 

 

Argentinean wine

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